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Kim, Kaan, Roel, Yohan, Claudio, Fernando, Masaharu.
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capítulos 01
Si no te enfrentas a tus problemas, ellos te seguirán dondequiera que vayas.
Claudio
capítulos 02
Estudié Moda.
Ahora estoy intentando cambiarla.
Kim
capítulos 03
Al final decidí darle
una oportunidad a mi ciudad.
Kaan
capítulos 04
Si quieres ser feliz,
prepárate para sacrificarlo todo.
Fernando
capítulos 05
Gracias a mis aspiraciones pude superar mis miedos.
Hyoungtae Yohan
capítulos 06
Si quieres vivir de tu pasión,
debes convertirla en tu profesión.
Nicoletta
capítulos 07
El mejor día para
empezar algo es ayer.
Roel
capítulos 08
Trabaja de forma
inteligente para trabajar menos.
Masaharu
capítulos 09
Superé las dificultades esforzándome más.
Ibby
capítulos 010
Yo soy el único dueño de mi destino.
Jakub
Superé las dificultades
esforzándome más.
La historia de Ibby
Moubadder
Ibby
Moubadder

Ibby abandonó un Líbano en guerra para lanzarse a la búsqueda de una vida mejor en Australia. Para poder mantenerse mientras estudiaba, abrió el café Cuckoo Callay en Sídney, un proyecto ambicioso que se ha convertido en su vocación. En pocos años ha conseguido abrir 3 locales, dar empleo a 75 personas y, lo que es más importante, ha logrado ser feliz.

En 2006 acababa de terminar mis estudios superiores. El Líbano se encontraba inmerso en una gran guerra con Israel, y la zona en la que vivía fue bombardeada.
Para escapar de esa vida me mudé a Australia y me matriculé en la facultad de Enfermería. Prácticamente no tenía elección. Mi proyecto original era estudiar medicina, pero para lograrlo hubiera tenido que garantizarme antes un poco de estabilidad económica, quizá mediante una actividad que pudiera delegar.
Y así surgió la idea de abrir un café.

Recorrí Sídney hasta que encontré el local perfecto, pero estaba muy por encima de mi presupuesto, así que involucré a un amigo mío en el proyecto para poderlo financiar.

Por aquel entonces no tenía ningún tipo de experiencia en el sector de la restauración. Me preparé para dar mi salto al vacío investigando mucho y en profundidad.

Visité prácticamente todos los locales de Sídney, armado con un cuestionario que rellenaba para recoger la mayor cantidad de información posible y comprender las características recurrentes que determinan el éxito de un local.

Muchas personas me aconsejaron preparar un buen plan de negocio. Otras tantas me invitaron a preguntarme qué era lo que hacía única mi idea de local. Y otras me aconsejaron directamente que no perdiera el tiempo en un sector tan difícil como el de la restauración.

Todos fueron buenos conejos.
Los escuché, y luego
tomé lo que me servía.

Llegar a abrir Cuckoo Callay ha sido de todo menos fácil. Tuve que buscar personal fiable y ganarme su confianza y su respeto, aunque al principio fuera yo quien aprendía de ellos.

Una vez abierto el local, la cosa no tiraba. Iba a otros locales y me daba cuenta de que, aunque el mío fuera claramente mejor, esos siempre estaban llenos mientras que nosotros apenas lográbamos atraer clientes.

Fue mi capacidad de no rendirme lo que me permitió superar las dificultades.

Durante un año, me encontré varias veces en el punto de pensar que ahí acababa mi aventura empresarial.
Pero es precisamente en los momentos difíciles cuando debes esforzarte aún más, dar un paso atrás, ver el cuadro general y tomar la decisión correcta.
Por mi parte, estaba seguro de estar motivado y de tener la pasión necesaria, siempre en busca de un resultado perfecto.
Si lo pienso ahora, ese primer año fue positivo. Una vez superado ese periodo de preparación, las cosas empezaron a ir mejor.

Después de un año comprendí que, para tener éxito, tendría que haber invertido en publicidad, porque mi local parecía no existir.

Con la ayuda de una agencia especializada en la promoción de restaurantes, empecé a ser conocido. Hablando con algunos productores locales, se me ocurrió la idea de promover el beicon australiano con un menú especial.
Todos los periódicos se hicieron eco de ello y, en unos días, teníamos cola en la barra.

El volumen de negocios se dobló en pocos meses, tanto que nos vimos en problemas: no estábamos preparados para gestionar una clientela tan grande, por lo que tuvimos que ponernos manos a la obra.
El éxito del beicon no es un caso aislado. Nuestros menús creativos atraen a muchísima gente, y dos de nuestros platos han pasado a formar parte de la clasificación de Buzzfeed de las 11 especialidades que debes probar en Sídney.

Todavía sigo recorriendo todos los locales que puedo, y me involucro directamente en el diseño de nuestros platos.

Viajo por todo el país para recopilar nuevas ideas, y trabajo mano a mano con mi chef para renovar regularmente el menú y proponer siempre algo nuevo.
Conozco bien mi sector, las tendencias y las insidias del mercado de la restauración.
Antes de dar mi salto al vacío estaba mucho menos estresado, trabajaba solo 40 horas a la semana y tenía mucho más tiempo libre. Pero no volvería atrás.

Han pasado cuatro años desde que abrí mi primer local en Newton.
Desde entonces he inaugurado el Nour, un restaurante contemporáneo de cocina árabe, y otro Cuckoo Callay en Surry Hills, en el centro de Sídney.
En mis locales trabajan 75 personas.

Me siento mucho más motivado y responsable. Ya no se trata solo de mí. Mis empleados cuentan conmigo y con mi empresa.

Me siento afortunado por estar donde estoy y, cuando miro al futuro, siento curiosidad por ver donde podré llegar en cinco años.
No creo que vaya a volver nunca a Líbano, aunque todavía lo considero mi casa. Vivir la guerra me ha hecho más fuerte, pero el futuro que sueño para mis hijos, cuando los tenga, es mucho más tranquilo.

Ahora mi vida está aquí,
donde hago lo que me gusta.
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