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Kim, Kaan, Roel, Yohan, Claudio, Fernando, Masaharu.
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capítulos 01
Si no te enfrentas a tus problemas, ellos te seguirán dondequiera que vayas.
Claudio
capítulos 02
Estudié Moda.
Ahora estoy intentando cambiarla.
Kim
capítulos 03
Al final decidí darle
una oportunidad a mi ciudad.
Kaan
capítulos 04
Si quieres ser feliz,
prepárate para sacrificarlo todo.
Fernando
capítulos 05
Gracias a mis aspiraciones pude superar mis miedos.
Hyoungtae Yohan
capítulos 06
Si quieres vivir de tu pasión,
debes convertirla en tu profesión.
Nicoletta
capítulos 07
El mejor día para
empezar algo es ayer.
Roel
capítulos 08
Trabaja de forma
inteligente para trabajar menos.
Masaharu
capítulos 09
Superé las dificultades esforzándome más.
Ibby
capítulos 010
Yo soy el único dueño de mi destino.
Jakub
Yo soy el único
dueño de mi destino.
La historia de Jakub
Czarn
Jakub
Czarn

Antes de que la vida lo arrollara con su rutina, Jakub decidió abandonar París e irse a dar la vuelta al mundo con su novia. En su “The Dreambox Project” recopilan los sueños de personas que encuentran en su camino para intentar hacerlos realidad mediante el crowdfunding. Este proyecto también lo está cambiando a él: ahora que esa rutina ya es cosa del pasado, Jakub puede ver su vida con más claridad para decidir cuál de sus sueños perseguir.

Hace ya seis meses que yo y mi pareja viajamos por el mundo recopilando los sueños de personas de todos los continentes para publicarlos en la página web de “The Dreambox Project” e intentar hacerlos realidad mediante el crowdfunding. Siempre me ha gustado viajar, pero antes de empezar con este proyecto nunca me había planteado en serio la idea de un viaje largo y arduo para explorar el mundo.

Esto cambió cuando me di cuenta de que estaba siguiendo un camino ya marcado: universidad, trabajo, casa, familia... sin ni siquiera preguntarme si eso era lo que yo quería. Mi novia ya tenía una respuesta para esa pregunta, y estaba lista para partir. Así, motivado por la perspectiva de compartir esta aventura con ella, me decidí a hacerlo.

Esperar al momento adecuado para hacer realidad tu sueño es muy peligroso, porque, sin darte cuenta, te vas alejando de él poco a poco.

El ritmo frenético de nuestras vidas tampoco ayuda: nos obliga a concentrarnos en cientos de cosas, y dejamos de lado nuestras aspiraciones.
A veces tengo la impresión de que la gente vive en una burbuja, concentrados en su existencia, acosados por sus obligaciones, sin un contacto real con el mundo que los rodea.
Yo necesitaba parar. Dos másteres, dos periodos de prácticas, luego el trabajo, la novia, la casa: todo iba demasiado de prisa. Necesitaba frenar antes de verme atrapado en una vida que no me hacía feliz.
Exploté mi burbuja y traté de volver a conectar con el mundo.
Tenía que lograr una perspectiva más amplia sobre las posibilidades que tenía ante mí para poder decidir cuál era el tipo de vida ideal para mí.

Para prepararme tuve que afrontar algunas dificultades.
La primera de ellas, ahorrar el dinero necesario.
Después de mi jornada laboral, me quitaba el traje y me ponía una camiseta y unos pantalones cortos para entregar comida en bicicleta.
Era cansado, pero cada vez que me subía a la bici me sostenía la certeza de que lo hacía por una buena causa.

También las opiniones de los demás suponían una barrera. A parte de los amigos y familiares que nos dieron su apoyo, muchos veían nuestro proyecto con escepticismo.

La seguridad en mí mismo me ha ayudado a plantarle cara a mis miedos y a los prejuicios ajenos.

Muchos juzgaban nuestra iniciativa de excéntrica. No entendían por qué razón quería usar mis ahorros para viajar en lugar de para comprar un coche.
O por qué quería renunciar a un trabajo bien pagado y a una buena casa por un futuro incierto. No era que no me preocupara por esas cosas pero, si ya conseguí encontrar un empleo una vez, ¿por qué no iba a encontrar otro de nuevo?

El último obstáculo fueron los preparativos. Desde el momento en que decidimos viajar para hacer realidad el proyecto, tuvimos que asegurarnos de contar con las herramientas necesarias para llevarlo a cabo. Yo ya tenía experiencia en la creación de sitios web, pero no sabía mucho de edición de vídeo.

Para aprender todo aquello que necesitaba saber, pedí ayuda al mejor profesor gratuito disponible: Internet.

Así conseguimos poner en pie nuestro proyecto y empezamos a recoger los sueños de gente de todo el mundo. Ya a la mitad de nuestro viaje, he visto lugares tan increíbles como los paisajes lunares de Bolivia, y he conocido a personas que llevaré siempre en mi corazón. En una de las zonas más pobres de Colombia, por ejemplo, conocimos a una familia que se encontraba en una situación de dificultad económica extrema: si no hubiéramos intervenido, habrían acabado en la calle al poco tiempo. Nos pusimos manos a la obra con una campaña de crowdfunding y, gracias a la solidaridad de la red, en poco tiempo conseguimos garantizarles un futuro mejor.

Antes de dar mi salto al vacío tenía los pies bien anclados en el suelo, me faltaban el idealismo y la locura que te dan la fuerza necesaria para hacer grandes cosas. Formaba parte de un sistema que nunca había puesto en duda, y seguía el camino que todos consideran normal. Viajar me ha ayudado a abrir la mente y a darme cuenta que no existe un camino normal, que el mundo no es o blanco o negro: hay espacio para infinidad de tonos de gris.

He comprendido que yo soy el único dueño de mi destino. Por eso no debo permitir que nadie decida cómo debe ser mi vida.

Ahora estoy convencido de que, si pones todo tu esfuerzo y tus esperanzas en lo que crees, con toda probabilidad conseguirás hacerlo realidad.

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